Presentó Cecut la historia de uno de los primeros farmacéuticos tijuanenses

Presentó Cecut la historia de uno de los primeros farmacéuticos tijuanenses

** Una investigación histórica, documental y testimonial escrita por el historiador José Gabriel Rivera Delgado, da vida al libro “Químico Leonardo Sánchez Ayala”, material que presenta al segundo químico farmacéutico profesional en la ciudad de Tijuana.
Tijuana, B.C.- La química y la farmacéutica en México se consolidaron en la primera mitad del siglo XX, Tijuana en Baja California al ser una ciudad joven, tiene poca historiografía sobre el nacimiento y desarrollo de ambas disciplinas, por lo que son tan escasas como valiosas e ilustrativas las indagaciones al respecto.

Una investigación histórica, documental y testimonial escrita por José Gabriel Rivera Delgado, da vida al libro “Químico Leonardo Sánchez Ayala”, material que presenta al segundo químico farmacéutico profesional en la ciudad de Tijuana.

Al ahondar sobre este personaje “encontramos que el primer farmacéutico fue el señor Gamboa, del laboratorio Gamboa de los años 20’s, y Sánchez Ayala llegó a Tijuana después, en 1938, es un ejemplo de las personas que emigraron del centro de la república hacía la frontera”, dijo en entrevista el autor de esta biografía que fue presentada el pasado 25 de marzo en la Sala Federico Campbell del Centro Cultural Tijuana (Cecut), institución de la Secretaría de Cultura federal.

Nativo de Colima, Sánchez Ayala se fue a Ciudad de México e hizo todos sus estudios, incluyendo los de químico farmacéutico, titulado en la Universidad Nacional Autónoma de México en 1929, “regresó a su tierra natal, Colima, donde estableció una farmacia y le fue bien, luego por circunstancias de familia decide venirse al norte, llegando primero a Mexicali en 1933 y en 1938 a Tijuana”, narró Rivera Delgado.

“Estableció la farmacia Aztlán”, continuó explicado el autor de este texto biográfico, “una de las boticas con mayor tradición en la memoria colectiva de los viejos tijuanenses, en ese entonces las boticas y farmacias daban el servicio que conocido como las fórmulas magistrales. Hoy que llegas y pides una medicina y te la dan ya hecha por un laboratorio, en ese entonces el químico farmacéutico te hacía la medicina en el momento”.

“El químico era fundamental y este señor puso su laboratorio clínico junto con su farmacia”, abundó Rivera, “era algo muy tradicional en el centro del país y acá también se aplicó, llegaron profesionistas a Tijuana, buscando nuevas perspectivas de vida, con una profesión y con una familia, finalmente aquí enriquecieron culturalmente a nuestra ciudad, entonces esta es la historia de un personaje que dejó un legado a la ciudad”, apuntó el investigador.
Este libro es según su autor “un testimonio que logramos rescatar de una sus hijas que sobrevive, la señora Guadalupe Sánchez de la Mora, quien nos contó algunos de sus recuerdos de su niñez, luego fui a Colima, Guadalajara, Ciudad de México; fui a la UNAM y conseguí su expediente personal y en él encontramos su tesis”.
De acuerdo con Gabriel Rivera, este volumen sustentado en fuentes primarias, como archivos históricos universitarios, municipales, notas de prensa y entrevistas a familiares “es una publicación de 160 páginas donde se nos muestra la riqueza cultural de Tijuana, sobre su gente y esa gente que llegó de todos lados de la república mexicana”.
En la presentación de la historia de este pionero de la farmacéutica bajacaliforniana, acompaño a Rivera, el Dr. Mario del Valle Granados quien también comentó este texto, que se nutre de una serie de anécdotas y de un acervo fotográfico de la vida académica, profesional, social y familiar, que asimismo aporta un destello de la sociedad tijuanense cuando la ciudad tenía apenas 50 años de haber sido fundada.

 

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